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Explican los riesgos del cambio climático en el altiplano

    El cambio climático es un problema a nivel mundial que preocupa a las masas e impulsa diversos proyectos en torno a su investigación, los cuales generalmente buscan cómo revertir el daño causado por las variaciones en el clima que traen consigo mayores consecuencias tras el paso de los años. Según las Naciones Unidas, la crisis climática responde a variaciones en las temperaturas y los patrones del clima a largo plazo. Si bien esto puede producirse naturalmente, desde el siglo XIX  la principal causa de ello ha sido una serie de actividades humanas, tales como la quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), que producen gases que atrapan o absorben el calor.

    El Doctor en Geografía Oliver Meseguer Ruiz, académico del Departamento de Ciencias Históricas y Geográficas de la Universidad de Tarapacá e investigador principal en la línea de Clima y Ecología del proyecto AndesPeat, Núcleo Milenio en Turberas Andinas, es especialista en el análisis de la variabilidad climática y sus impactos en los sistemas socioambientales, planteó que ante esta realidad una de las preguntas en el extremo norte de Chile es conocer el efecto en el Altiplano.

    “Actualmente no existen modelos climáticos específicos para esta zona, pero se prevé una disminución del agua disponible en los diferentes escenarios posibles, con consecuencias importantes para ecosistemas como los bofedales y, por ende, para los ganaderos de la zona. En AndesPeat buscamos levantar la información faltante en este rompecabezas climático’, a través de las distintas líneas de investigación y esperamos obtener las primeras proyecciones a nivel local de precipitaciones y temperaturas, lo que permitirá guiar de mejor manera las políticas públicas y decisiones para esta zona, sus ecosistemas y sus habitantes”, afirmó el investigador.

    “En la macro región norte de Chile existen diferentes tipos de ecosistemas y variaciones interanuales muy evidentes. Así, un año puede ser seco y los dos siguientes lluviosos, o un año las precipitaciones pueden comenzar en diciembre y en otras ocasiones en marzo”, según se indica en el sitio web del proyecto.  

    Meseguer aclara que “no sólo debemos considerar las amenazas naturales, sino también el impacto en las poblaciones que habitan la zona. En cuanto a las primeras, estas pueden ir desde la disminución de precipitaciones hasta la concentración de lluvias en pocos días, lo cual generaría efectos perjudiciales en el ciclo del agua, la calidad o pérdida del suelo, la sequía hidrológica, meteorológica y agrícola. De igual forma, el aumento en las temperaturas es un factor preocupante, ya que puede aumentar la pérdida de agua por evaporación y, por lo tanto, que haya menor cantidad de agua”.

    El investigador también advierte que esto complicaría grandemente el panorama para los bofedales del altiplano, el objeto de estudio del proyecto AndesPeat, que son un tipo de humedal que se caracteriza por la formación de turba, los cuales pueden alcanzar hasta más de diez metros de profundidad. Estos se ubican sobre los tres mil metros de altura y se originan gracias a los flujos permanentes y las recargas continuas de agua, permitiendo el desarrollo de plantas en la zona, las cuales son consumidas por los camélidos silvestres y domésticos, tales como vicuñas, alpacas y llamas. Bajo el manto verde de estas plantas, los bofedales acumulan densas capas de materia orgánica en descomposición que forman la turba, la que se va almacenando año tras año.

    El geógrafo explica que el cambio climático puede provocar serios impactos en el desarrollo de todas las actividades que se realizan en el altiplano por el riesgo en la disponibilidad del agua. Y principalmente dos de ellas: la ganadería y la minería. La primera, porque es una de las más tradicionales en la zona; y la segunda porque tiene una alta dependencia del agua. Cabe señalar que esta última es de gran importancia para el desarrollo económico del país, ejemplo de ello es la actual producción de litio. 

    Junto con lo anterior, el académico enfatizó en que “no son menores los impactos que puede tener el cambio climático relativo a la disponibilidad hídrica, el cual va a tener que obligar indudablemente la extracción de agua de otros lugares con el costo energético que ello implica”.

    ¿Cómo se puede evitar el daño producido por el cambio climático en el altiplano?

    Ante esta pregunta, el investigador planteó que las estrategias de mitigación son muy complejas al ser el cambio climático parte de la realidad cotidiana y que se presenta con eventos que son cada vez más rápidos y habituales, vinculados a eventos extremos. 

    “En cuanto a lo que se puede hacer de manera particular es poco, porque la emisión de gases de efecto invernadero en la región de Arica y Parinacota es muy baja comparado con las emisiones producidas a nivel nacional, las cuales se concentran mayoritariamente en la zona central. Sin embargo, esto no es motivo para no hacer nada”, sentenció el Dr. Meseguer.

    “Las acciones que se están llevando a cabo para mitigar el daño tienen que ver con iniciativas desde el entorno urbano, como reducir en medida de lo posible las emisiones de gases de invernadero. Esto debe ser el principal interés que tiene que preocupar a las autoridades”, acotó.

    En el caso de Arica y Parinacota, el profesor detalló que el 75% aproximadamente de la emisión de gases de efecto invernadero se deben a los vehículos particulares, “porque el parque automovilístico en la región es absurdamente grande para el tamaño de la población y envejecido. Creo que esta es una de las iniciativas que deberían preocupar más al gobierno regional y en las que es más fácil intervenir”.

    Según el académico a nivel global hay distintas proyecciones sobre la crisis climática, “y en todos los escenarios posibles que se estiman, desde el más optimista al más pesimista, en todas estas posibilidades las temperaturas seguirán yendo en aumento durante las próximas décadas. 

    Para comprender el sistema climático, según expresó el académico de la UTarapacá, “hay que observarlo como uno que cuenta con cierta inercia, el que se puede comparar con un gran camión en desplazamiento, el que por más que se suelte el acelerador, el camión seguirá en movimiento hasta que pierda su inercia”. Tomando en cuenta lo anterior, según Meseguer “el cambio climático es una realidad y está aquí para quedarse, pero debemos considerar que en un futuro los impactos pueden ser más drásticos en función de si se actúa o no, y qué tan importantes sean las iniciativas que se lleven a cabo”. 

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