El aumento de las temperaturas y los cambios en las lluvias pueden alterar la calidad del agua, la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. La investigadora Morgane Derrien advierte que comprender estos procesos es clave para proteger los ecosistemas acuáticos de Chile.
El cambio climático no sólo se manifiesta en las olas de calor, las sequías o el retroceso de los glaciares. También está modificando los procesos que ocurren bajo la superficie del agua, donde ríos, lagos y humedales cumplen funciones esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.
En el marco del Día Internacional contra el Cambio Climático, que se conmemora cada 24 de octubre, la académica Morgane Derrien, del Instituto de Ciencias Agroalimentarias, Animales y Ambientales (ICA3) de la Universidad de O’Higgins (UOH), pone el foco en un aspecto menos visible de esta crisis: el papel de los ambientes acuáticos en el ciclo del carbono.
Estos ecosistemas reciben materia orgánica proveniente de los suelos, la vegetación y las rocas de sus cuencas. Parte de ese carbono puede quedar almacenado en los sedimentos, mientras otra fracción se transforma, es transportada por el agua o vuelve a la atmósfera en forma de dióxido de carbono.
Comprender qué ocurre con ese carbono permite conocer mejor cómo responden los ecosistemas a los cambios ambientales y qué consecuencias pueden tener estas alteraciones para su funcionamiento.
“No basta con saber cuánto carbono hay: necesitamos entender de dónde viene, cómo se transforma y cuál es su destino”, explica Derrien.
Cómo afecta el calentamiento global a los ecosistemas acuáticos
Aunque suelen asociarse principalmente con el transporte de agua, los ríos, lagos y humedales también participan activamente en la transformación de la materia orgánica.
Los ríos conectan distintos ambientes, desde las zonas altas de las cuencas hasta los lagos, humedales y sectores costeros. Los humedales y algunos ecosistemas costeros pueden almacenar importantes cantidades de carbono, mientras que los ríos y lagos también pueden liberarlo a la atmósfera mediante procesos biológicos y físicos.
El aumento de las temperaturas puede modificar la actividad de los microorganismos que descomponen la materia orgánica, alterando la velocidad con que se transforma el carbono.
“Estos sistemas no son simplemente conductos de agua, sino ecosistemas activos en la transformación del carbono”, señala la investigadora.
Los efectos, sin embargo, no son iguales en todos los ambientes. Dependiendo de las condiciones de cada ecosistema, el calentamiento puede favorecer la liberación de carbono o coexistir con procesos que permiten seguir almacenándolo.
Sequía y retroceso de los glaciares: cambios que también afectan a los ríos de Chile
En la zona central del país, la disminución de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas modifican las condiciones de muchas cuencas. En sectores cordilleranos, el retroceso de los glaciares y los cambios en la acumulación de nieve también pueden alterar los aportes de agua a los ríos.
Estas variaciones influyen en las condiciones físicas, químicas y biológicas de los sistemas acuáticos. Sus efectos pueden alcanzar la calidad del agua, la actividad de los microorganismos, el reciclaje de nutrientes y la biodiversidad.
Por eso, estudiar lo que ocurre en una cuenca requiere observar sus distintas partes y las conexiones entre ellas, desde las zonas de nacimiento de los ríos hasta los ambientes costeros.
Más investigación para proteger el agua y la biodiversidad
Derrien advierte que todavía se necesita más investigación para determinar cómo está cambiando el papel de los ecosistemas acuáticos en el ciclo del carbono y cuáles serán las consecuencias de esas transformaciones.
“Necesitamos más estudios que permitan identificar qué procesos están cambiando, en qué condiciones y con qué consecuencias”, sostiene.
La académica plantea que ese conocimiento es necesario para anticipar cambios y orientar las medidas de protección y gestión ambiental.
En un escenario de calentamiento global y creciente presión sobre los recursos hídricos, comprender cómo funcionan ríos, lagos y humedales permite ampliar la mirada sobre la crisis climática y reconocer que proteger el agua también implica cuidar los ecosistemas y los procesos naturales que dependen de ella.


