
Por: Ángel Morales Espinoza
Profesor de Filosofía y Data Scientist
ceasfdo@gmail.com
A propósito de la afirmación de la que es hasta ahora, la exesposa del jugador brasilero Ricardo Izecson dos Santos Leite, “Kaká”, Caroline Celico, que, frente a la pregunta del porqué de la separación entre ellos, ella contesta: El problema es que él era demasiado perfecto para mí, nos adentraremos con humildad al análisis de la cuestión de amar y si estamos preparados para ello.
Cuando hablamos de amor, podemos situarnos en la Grecia antigua y encontrar que, para algunos pensadores griegos de ese entonces, existen diferentes tipos. Desde el amor entre amigos (Philia) pasando por el amor fraternal (Storgé), hasta el amor hacia lo excelso o el más puro (Ágape) y el amor hacia la pareja (Eros). Todos son dignos de comentar, pero en esta oportunidad, nos avocaremos al Eros.
En Chile, desde que se promulgó la ley de divorcios (mayo 2004) y según cifras del Registro Civil a mayo de este año, el número de matrimonios disueltos es de 733.648. Las causas observadas que se justifican para tomar esta medida van, desde el cese de convivencia o el maltrato en sus diferentes formas, hasta el incumplimiento grave y reiterado de los deberes de la convivencia, socorro y fidelidad. Como se ve, los orígenes que dan término a una relación son múltiples y dependen de los participantes de ese vínculo afectivo y legal. Pero, al parecer, el principio pudiese estar en la naturaleza del ser humano.
Frente a la pregunta qué se entiende por amor, para hallar la respuesta debemos ser cautos en contestar, porque aquí radica una de las aristas importantes que se deben contemplar para entender el fenómeno de amar. Si decimos que estamos enamorados, porque nuestro cuerpo nos da señales a través de hormonas y neurotransmisores que nos estresan, entonces la ciencia nos diría que nos quedan seis meses o como máximo, tres años de este proceso, porque eso es lo que tarda nuestro cuerpo en que deje de manifestar tales respuestas por el otro. Tal como pasa con los medicamentos, que cuando se toman por largos periodos el cuerpo se acostumbra, el efecto bioquímico del enamoramiento funciona de manera similar y, por tanto, desarrollamos tolerancia. Si ya sabemos esto, se hace necesario entonces, el buscar otro camino que nos permita el llegar a comprender qué es el amor y qué es amar. Claro está, que el vivirlo no es algo puramente biológico, pues siempre entenderíamos que tendría fecha de caducidad si sólo nos quedamos en ese plano, ¿para qué iniciar una relación si sabemos de antemano de su término?. Por esta razón, debemos llevar la discusión hacia otra dirección e intentar así, acercarse a vislumbrar la respuesta.
¿Cómo es el amor?. Dentro de la mitología griega nos encontramos con un número importante de historias que reflejan hasta lo que era en ese momento, una explicación de lo profundo de amar. Así, por ejemplo, nos topamos con el mito de Eros y Psique. El primero, dios del amor y la segunda, una joven de extraordinaria belleza que cautivaba a todos. Estos dos protagonizan este romance mitológico que combinaba pruebas sobrenaturales y la lucha por el amor verdadero. La trama cuenta cómo Eros se enamora perdidamente de Psique y cómo su madre Afrodita, pone a prueba la devoción de la joven por su hijo. A través de muchos desafíos y eventos maravillosos, los amantes demuestran que el amor puede superar todos los obstáculos. Entonces, podemos pensar que el amor es algo donde debe existir un sacrificio o un sinnúmero de pruebas que deben ser superadas para poder hallarlo. Pero si nos quedamos en esto, entenderíamos que el amor en sí mismo, sería algo forzado que nos llevaría siempre a vivir al límite, donde se creería que uno nunca lo merecería, sino más bien, es algo que se debe conseguir a través de vencer diferentes dificultades y retos. Por lo tanto, amar sería algo arriesgado porque no se conocería el final, no tendríamos claro si saldríamos victoriosos en esa lucha, ni menos, tendríamos la certeza de ser dignos de ser amados. Quizás, sin desconocer que la vida nos pone algunas experiencias complejas en las cuales tenemos que dar lo mejor de sí, el amor puede también exigir lo mismo, pero, aun así, me arriesgo a afirmar que el asunto de amar está alojado en la propia naturaleza del ser humano y más, no todos se dan cuenta de ello o pueden superar ese complejo fenómeno.
En la Capilla Sixtina, se ubica una de las obras más importantes de Miguel Ángel que dan cuenta diversos pasajes del Antiguo Testamento, como de la creación del mundo, la historia de Adán y Eva, entre muchos otros. Pero existe uno en particular, que nos sirve de apoyo para comprender esa traviesa naturaleza del hombre y podría darnos ciertas pistas del porqué actuamos caprichosamente en el amor. En particular, en el fresco llamado “La creación de Adán”, nos topamos con un individuo (Adán) que, frente a la oportunidad de ser parte de lo perfecto, decide engreídamente no serlo, es decir, cuando Dios se le acerca con su dedo para tocarle la mano, éste evita el contacto recogiendo su dedo para no tocarlo. Así mismo, cuando estamos frente una persona que es capaz de entregar amor puro y sincero, nos alejamos prefiriendo a veces quedarnos con aquel amor mezquino, que hace daño y que es egoísta. Pareciera ser tal vez, que está íntimamente arraigado en nuestra esencia el no valorar lo perfecto o lo sano y preferir lo corrupto y lo que genera dolor. El temor podría también acompañar en esta decisión, pero temor a qué. ¿Miedo a sentirse vulnerable?, ¿miedo a no cumplir con las expectativas?, ¿miedo a no estar a la altura de tal desafío? o ¿miedo a lo perfecto?. Nuevamente es alejarse de aquella instancia que proporciona calma y paz.
Cuando hablamos de amor, es siempre pensar en el otro primero para luego pensar en sí mismo; es amarse a sí mismo para poder amar al otro, es abrazar la libertad y no a la dominación o restricción como método de pertenencia y de apropiación. Cuando tú dices que amas, asumes tal desafío con responsabilidad afectiva cumpliendo en coherencia con lo que sientes, dices y haces. Pues si no es así, no estamos en presencia de amor. Podría ser cariño, dependencia afectiva o cualquier otra cosa, pero no del verdadero amor.
Haciendo caso al título y en honor en la búsqueda de dar respuesta a esa interrogante, se puede afirmar que sí, que el ser humano está preparado para amar, pero para ello, debe antes conocer la complicidad, el compañerismo, el respeto, el dar sin esperar nada cambio, el equilibrio entre pasión y razón, la responsabilidad para con el otro, el caminar junto a la quietud o en la tormenta, el vencer el miedo a lo perfecto, el amarse a sí mismo, el invitar a la vida y no al poseer, el cumplir con lo ofrecido y por, sobre todo, el vencer aquello que está enraizado en nosotros y que nos hace no aventurarnos por aquellas personas que valen la pena y que son el eco de cuando hablamos y decimos amor.
Por: Ángel Morales Espinoza
Profesor de Filosofía y Data Scientist
ceasfdo@gmail.com



