Estructura social e incertidumbre: el malestar en Chile dificulta proyectar el futuro

Por DMC

Distintos indicadores muestran un escenario de preocupación por el futuro, marcado por expectativas económicas, seguridad, cansancio y dificultades para sostener las condiciones de vida. Un académico de la Universidad de O’Higgins plantea que este fenómeno también debe analizarse desde las condiciones sociales que enfrenta la población.

La dificultad para imaginar y planificar el futuro no estaría relacionada únicamente con el estado de ánimo de las personas. Según el análisis del académico Jorge Gallardo, del Instituto de Ciencias de la Salud de la Universidad de O’Higgins (UOH), las condiciones laborales, económicas, de salud y protección social también influyen en la manera en que las personas viven el presente y anticipan lo que viene.

El planteamiento se relaciona con distintos indicadores de percepción ciudadana. De acuerdo con un estudio de Cadem citado en el análisis, 58% de los chilenos cree que el país estará peor en el futuro, mientras que un 43% anticipa un deterioro de la economía, un 51% un aumento de la delincuencia y un 50% un escenario político más complejo.

A esto se suman resultados de una Encuesta 5C de la misma empresa, que registra 63% de sentimientos negativos. Entre las principales expresiones aparecen el estrés, con 37%, y el cansancio, con 31%.

Gallardo sostiene que estas cifras no permiten explicar por sí solas la experiencia cotidiana de las personas, pero sí pueden leerse junto con antecedentes de las ciencias sociales que durante las últimas décadas han estudiado la relación entre empleo, protección social, acceso a la salud, condiciones materiales y bienestar.

“El problema no radica en que las personas sean más sensibles, más débiles o estén más tristes que en el pasado. Cada vez existe mayor evidencia de que la actual estructura social está teniendo un impacto significativo en la salud mental de la población”, señala el académico.

Condiciones de vida y dificultad para proyectarse

Para el sociólogo, parte del malestar también se relaciona con el esfuerzo que muchas personas deben realizar para mantener sus condiciones básicas de vida.

Cuando los recursos y las energías están concentrados en resolver necesidades inmediatas, disminuye el margen para pensar en proyectos de largo plazo, plantea Gallardo.

“Cuando una parte importante de la población debe concentrar sus esfuerzos en sostener lo básico, disminuye el margen para pensar en proyectos de largo plazo”, explica.

Desde esta perspectiva, el malestar no sería solamente una experiencia emocional individual, sino también una expresión de dificultades para sostener una vida con mayor estabilidad y seguridad.

El académico agrega que este escenario requiere respuestas en distintos niveles: desde apoyos dirigidos directamente a las personas hasta medidas relacionadas con las condiciones de vida, como mayor estabilidad laboral, acceso a la salud y espacios de participación ciudadana.

Trabajo, salud y participación también influyen

Gallardo plantea además que la dimensión política forma parte de los factores que inciden en las condiciones cotidianas de las personas, debido a que decisiones tomadas en ese ámbito tienen efectos sobre materias como el empleo y la seguridad social.

“Si existe una distancia entre la ciudadanía y quienes toman esas decisiones, se vuelve más difícil transformar el sufrimiento y el malestar en respuestas capaces de modificar las condiciones que los generan”, afirma.

Para el académico, el desafío no consiste solamente en atender el malestar cuando ya está instalado, sino también en actuar sobre las condiciones sociales que pueden contribuir a producirlo.

Recuperar la confianza para volver a mirar el futuro

El análisis plantea que recuperar las expectativas sobre el futuro requiere algo más que modificar una percepción o recuperar el optimismo. También implica generar condiciones que permitan a las personas contar con un mayor margen de seguridad para construir sus proyectos de vida.

Entre los ámbitos mencionados por Gallardo aparecen el trabajo, la salud y las pensiones, además de fenómenos sociales como la baja natalidad y la incertidumbre frente a la vejez.

“Cuando las condiciones para vivir con estabilidad se debilitan, también se debilita nuestra capacidad de imaginar el futuro”, concluye el académico de la UOH.

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