Una invitación a mirar Latinoamérica desde el humor es la convocatoria que realiza el Instituto de Altos Estudios Audiovisuales (IEA) de la Universidad de O’Higgins, al lanzar el nuevo ciclo de cine universitario “La risa como una forma de conocimiento”, el que tendrá inicio este jueves a partir de las 18 horas en el Auditorio del Campus Rancagua.
Ricardo Carrasco, director del IEA, manifestó que “este jueves no sólo comienza un nuevo ciclo de cine universitario, comienza, más bien, una invitación a mirar el mundo desde un lugar incómodo y profundamente lúcido: la risa”.
La apuesta de la casa de estudios es ver “La risa como una forma de conocimiento”, proponiendo este ciclo de cine que reúne algunas de las comedias latinoamericanas más agudas, aquellas que van, desde el humor negro y la sátira, y que desarman nuestras certezas y exponen con crudeza —y belleza— las contradicciones de nuestra propia realidad.
Para los organizadores, este ciclo busca que los asistentes descubran en piezas del cine, esa Latinoamérica, donde el “reír no es ingenuo”. Es una forma de resistencia. Es inteligencia. Es una manera de decir lo indecible”, expresa Carrasco.
El director del IEA, agregó además que “este ciclo propone (…) que la risa deje de ser un refugio cómodo y se transforme en una herramienta crítica, capaz de incomodarnos, interpelarnos y, quizás, hacernos ver aquello que evitamos mirar”.
La invitación es abierta al público de forma gratuita, para quienes quieran sumarse a esta experiencia colectiva, donde cada película es una pregunta abierta y cada carcajada, una pequeña revelación, lleguen a ver el film “La Ley de Herodes”, una película de mexicano Luis Estrada, que en 120 minutos invitará a ver la realidad desde otra perspectiva.
La ley de Herodes
Año 1999
Duración 120 min.
País México
Dirección Luis Estrada
Sinopsis
En 1949, durante el sexenio del presidente Miguel Alemán, el corrupto alcalde de San Pedro de los Saguaros es linchado y decapitado por los indígenas que habitan el lugar. Corren tiempos electorales y el gobernador no está dispuesto a ver peligrar su posición por un escándalo político, por lo que ordena a su secretario de gobierno, el licenciado López, que nombre un nuevo alcalde para San Pedro. López decide que el más indicado es Juan Vargas, un inofensivo y fiel miembro del partido que seguramente no será tan corrupto como su antecesor.


